Con el cambio de estación, estamos deseando sacar por fin las sandalias del armario, pero no se nos puede olvidar hacer los cambios necesarios en nuestra rutina corporal. Igual que adaptamos nuestro armario a la temporada, nuestros cuidados también necesitan pequeñas modificaciones.
El cambio de primavera a verano muchas veces llega sin avisar. De repente, un día la brisa se vuelve más cálida de camino a la oficina, empieza a anochecer más tarde y el cuerpo te pide salir con las piernas y los brazos descubiertos a todas horas.
Con la misma rapidez, la rutina que hacía unas semanas te funcionaba a la perfección de repente deja de hacerlo. La subida de las temperaturas, el aumento de la humedad y la mayor exposición al sol influyen directamente en el comportamiento de nuestra piel. Puede que notes que produce más sebo, que suda más y que acumula más protector solar a lo largo del día.
La buena noticia es que para solucionarlo solo necesitas unos pequeños cambios.
Por qué las cremas no te sientan igual que en otras estaciones
Pasa siempre: la crema que durante los meses fríos se fundía sin problemas con la piel, parece que ahora es imposible de absorber. Ese suele ser un buen momento para cambiar tu rutina de cara al verano.
Cuando hace más calor, la piel produce más sebo y sudor y las texturas enriquecidas de las cremas pueden retener ese calor. Lo mejor es pasarse a lociones más ligeras, geles a base de agua o fórmulas de absorción rápida para permitir que la piel respire. Para no perder esa sensación de volumen e hidratación, apuesta por hidratantes ligeras. Ingredientes como el ácido hialurónico, la glicerina y los extractos botánicos relajantes como el aloe vera o el té blanco aportan humedad a la piel sin dejar residuos grasos.
Consejo extra: Si no quieres dejar de usar tus cremas habituales, resérvalas para la noche. La piel aprovecha que el sol se esconde para repararse mejor, así que es el momento adecuado para aplicarle texturas más intensas.
¿El paso del que más se abusa en verano? ¡La exfoliación!
La exfoliación es imprescindible en las rutinas de cuidado corporal, especialmente en verano. Ayuda a mantener la piel lisa y fresca y a eliminar el sudor, la crema solar y la contaminación de la ciudad que puede acumular.
Sin embargo, excederse en este paso puede resultar más perjudicial que beneficioso. Cuando vuelve la época de enseñar las piernas, resulta muy tentador exfoliarse de más para lograr una piel supersuave, pero es importante recordar que lo mejor para cuidarla es la constancia, no la intensidad. Exfoliarla de más puede hacer que la piel esté demasiado sensible, especialmente en lo que respecta al sol.
Con una o dos veces por semana es suficiente para la mayoría de las personas. Elige fórmulas suaves en vez de opciones más agresivas. Y recuerda que la piel recién exfoliada necesita un extra de cuidados. Hidrátala siempre después y ten cuidado al exponerte al sol. Plantéate la exfoliación como una manera de cuidar la piel nueva y no solo una manera de lucirla. La piel no necesita que la maltrates para brillar.
Cómo conseguir una piel hidratada que no resulte pegajosa
Que la piel esté más grasa no significa que esté más hidratada. Es fácil confundir la deshidratación y el sebo. La piel puede tener un aspecto hidratado en la superficie y al mismo tiempo estar totalmente deshidratada debajo.
¿Cómo se soluciona? Aplícate la loción corporal sobre la piel ligeramente mojada. Este gesto ayuda a que la humedad se absorba más fácilmente y que la hidratación resulte más ligera.
No se trata tanto de usar más cantidad de producto como de elegir texturas más ligeras que se adapten mejor a la temporada. Las lociones ligeras y las brumas hidratantes son perfectas para los días que te mueves entre el sol, la sombra y la brisa.
SPF: el paso que nunca te puedes saltar
Le pasa a todo el mundo: miras por la ventana, ves que hay nubes y piensas que no va a salir el sol. Pero la exposición solar muchas veces no se nota. Por eso es fundamental ponerse SPF todos los días, incluso esos que parecen nublados, porque los rayos UV están siempre ahí, aunque no los veas. Y créenos, la piel los nota.
Todos los tipos y tonos de piel necesitan protegerse del sol. Aplicarse una capa rápida en los brazos, el pecho, los hombros y las piernas solo requiere unos segundos y, a largo plazo, marca la diferencia. Míralo como una parte de la rutina de vestirse cada día y no como un paso extra.
En verano, deja que la piel marque el ritmo
El secreto está en prestar atención, en ver cuándo tu piel pide más (o menos) y adaptar tu rutina.
Una rutina infalible
Paso 1: Limpiar y exfoliar (1 o 2 veces por semana). Usa un exfoliante corporal suave en la ducha para eliminar las células de piel muertas y el SPF acumulado.
Paso 2: Hidrátate adecuadamente (a diario). Después de la ducha, mientras la piel sigue húmeda, aplica un ácido hialurónico ligero o una loción con aloe.
Paso 3: Protégete (a diario). El último paso es aplicar una capa generosa de SPF de amplio espectro sobre las zonas de la piel expuestas. No te olvides de volver a aplicarlo si vas a estar mucho tiempo al aire libre.
Paso 4: Reparación nocturna (cada noche). Limpia la piel para eliminar el sudor y el SPF y usa cremas enriquecidas antes de irte a dormir que ayuden a tu piel a recuperarse por la noche.
Tu cuidado corporal también necesita pasar de la primavera al verano, con texturas un poco más ligeras y un extra de hidratación.
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